Prosa, Relatos y Ficciones


Ectópica


Y desperté ahí, -sin signos vitales - decían; mirando sus caras con tapabocas, con ojos indistinguibles, de esos, que no quieren mirar.

¡Desperté! si, más vital que nunca, queriendo levantarme para preguntar que sucedía sin poder hacerlo, atada a mi posición horizontal, cubierta con una sábana estéril y blanca.

Lo siguiente fue sentirme sin voluntad, tomada por brazos y pies, colocada sobre una superficie inoxidable y fría, tan fría que muy rápido se fueron congelando mi cóccix y una a una mis vértebras; cayendo lentamente en cuenta de que mi corazón no palpitaba. Una vez más y ya con la exaltada emoción de la incertidumbre me incorporé y al hacerlo pude observar como las paredes, puertas y ventanas del pasillo por donde era trasladada me atravesaban sin hacerme daño, traspasando sobre una camilla las puertas batientes del lugar sin necesidad de empujarlas.

Llevada a no sé dónde, alcé mi mano hacia el conductor de mi desconocido destino y al alcanzar su pecho para llamar su atención, aterrada vi mi mano adentrarse en su tórax, quedando atrapada por un instante entre sus dos pulmones en inspiración, la retiré despavorida, asqueada, con la sensación aun del pulso de la sangre caliente de las arterias de aquel hombre grande y obeso, que encharcadas de colesterol me dejaban la mano embadurnada de una suerte de grasa ácida y rancia.

Fue un trayecto breve y muy largo a la vez quedando mis sentidos sometidos al curso del libre albedrío de miles de imágenes que se agolpaban martillándome las sienes; sonidos, colores, sabores y olores que regresaban a mi desde el recuerdo a manera de flashes interminables. Infancia, nacimiento, juventud, adultez, estancia intrauterina inclusive, mientras me gestaba mi madre en su vientre, acudían al paseo en total desorden y anarquía.

Moví la cabeza varias veces para no quedarme dormida ni perder vigilia ni conciencia; estaba ahí más despierta y vital que nunca, presenciando una realidad que no entendía.

Cerré los ojos con una extraña resignación, abandonándome al transcurrir de las cosas queriendo conectarme a mi respiración que ya no existía, intenté recordar cómo había llegado allí, traté de recordar el momento inmediatamente anterior a todo aquello, pero mi recuerdo no llegaba más allá de aquel reciente en el que mi mano palpó el bombeo del corazón de aquel infeliz al invadir sus pleuras.

Comencé a darme cuenta de que - el que hasta hace poco era mi cuerpo, mi espacio, mi habitación - no obedecía a mis órdenes músculo tendinosas, mis ojos una vez cerrados no pude abrir más a pesar de que no necesitaba abrirlos para observar todo con absoluta luz y nitidez . Mi respiración estaba afuera, inundándolo todo, mi corazón gravitaba saltando la cuerda con mis arterias y venas.

Estaba yo fuera de mí, ectópica, paradójicamente más ubicada que nunca, ocupando un lugar que sentía por fin me correspondía.

El clic metálico de una puerta que se cerraba me trajo de regreso de mi alucinación, entonces, me encontré desnuda, sin sábanas, a oscuras, en el silencio más absoluto que era aquella morgue; yacía ahí sin recuerdos, despierta, sin respiración, sin signos vitales y con la temperatura disminuyendo paulatinamente a menos cero, inerte, en burbujeante quietud, mientras en una sala de partos una mujer retorcida del dolor me esperaba al amanecer para darme una nueva piel.


El Refugio perfecto


Arrastraba lentamente mi cuerpo por el borde de la cama en un heroico acto por levantarme de ahí; pero cuerpo y voluntad estaban asincrónicos, sin entenderse y ansiosos por saber que me ocurría.

Mis tendones y articulaciones laxas, se asemejaban a una suerte de gel denso y homogéneo que paulatina e irreversiblemente iban perdiendo su forma original y comenzaban a fundirse a una matriz gelatinosa mayor en la que se había convertido el colchón y con el mi almohada. Todo mi cuerpo se iba volviendo una masa amorfa de colágeno anárquico.

A través del humor acuoso que aún quedaba en mis ojos alcancé a ver mi interior, verificando que ese proceso mutacional experimentándose en mi cuerpo no había alcanzado aún mi esqueleto y todos sus huesos.

Rápidamente el instinto en mi hipotálamo me hizo correr con lo que quedaba de mi hacia mis médulas, en cuyo interior reinaba el miedo y la incertidumbre; afuera todo se desplomaba paradójicamente en forma de gel.

La respiración se dificultaba al adentrarme más y más cuando ya sin oxígeno fui sorprendida y arrastrada hacia mis pulmones - por lo que quedaba de mi torrente sanguíneo- como en un último intento de supervivencia.

Ahí intuí el inminente final, mientras se conjugaban las sales biliares devorándome el páncreas, el cual ya era un resto de gelatina roja. El espacio se hizo pequeño al paso de los minutos, no quedando alvéolos ni membranas para protegerme de aquel ataque geliforme inusitado y cruel; solo un pedazo de pleura que conducía a un hoyo negro. Sin más salida me deslicé por ella cayendo a un lugar tibio, extrañamente conocido y muy oscuro, me acomodé como pude, y en posición fetal permanecí en silencio, inmóvil, mientras todo sucedía allá afuera. Me inundó una paz absurda, fuera de lugar y circunstancia; a continuación, un sonido enorme como una campana, seguido de un silencio ensordecedor que lo llenó todo.

Entendí que era mi ventrículo izquierdo, tras el impulso de mi último latido cardíaco, mi REFUGIO PERFECTO.


Sabes a muerte


Di un paso al frente y caí al vacío en pedazos, con los brazos abiertos, viendo como la gravedad aproximaba la tierra a mi cuerpo; entre las piedras, mi cabeza rebotó como una pompa de jabón y el resto de mi cuerpo con ella.

Sobre la arena, desparramados, quedaron finalmente mis trozos a la orilla del mar. No hubo dolor, ni pesar, mucho menos arrepentimiento

Un rayo de sol acudió de inmediato a mi llegada, y con él, el abrazo de las olas, organizándome de nuevo, quedando dispuesta de costado: Hermosa, grácil, intacta, con la mirada amplia, inmensa, fija en el horizonte, mientras la marea se desbordaba a borbotones por mi nariz; tibia, cálida, vivificante; proveniente de mis venas, evocando el estallido de miles de burbujas en mis oídos.

- Que dulce eres vida, - me dije, ajustando la visión mientras saboreaba la sal en mis labios y ordenaba dentro de mi boca los dientes; quitando las caracolas que ocupaban su lugar. Me acariciaba el viento, el mismo que como un zumbido segundos antes me atravesó la frente, gélido e hiriente, mostrándome el vértigo taladrando mis pupilas. De mi pecho abierto escapaban pájaros y estrellas y un arcoíris en las crines de un Pegaso dragón, que unió mi corazón con el cielo.

Mis cabellos se prolongaron como algas y juntándose a mis dedos se incrustaron en la arena, mi respiración giraba en círculos dentro de un caracol gigante debajo de mi ombligo, sonando nostálgica como un viejo bandoneón.

Quieta, muy quieta me dije una vez más:

- Que dulce eres vida, tan dulce, que sabes a muerte.


De corazón verde


Eran las 11 de la noche; noche signada por una tormenta cuyos truenos y centellas hacían del cielo un tablero de puzzle. Me encontraba absorta, hundida en mi sillón con la cabeza en el medio de un foro en el que disertaba - a manera de monólogo - la lectura del sexto principio filosófico del Kybalion de Hermes Trimegisto; cuando por el rabo del ojo, algo distrajo mi atención: 

La presencia de una lucecita verde titilante en el tercer escalón de la escalera que conduce al segundo piso de la casa.

Me levanté inmediatamente dirigiéndome hacia ella para saber de qué se trataba, y al acercarme, ¡Oh sorpresa! la luz comenzó a subir como una pulga saltarina los escalones alcanzando el segundo piso, ingresando a mi cuarto por la rendija de la puerta, agudizando mi curiosidad. En el cuarto la busqué por todos los rincones, todo fue fallido, la luz no apareció.

Antes de dormir me di una ducha sin dejar de pensar en lo ocurrido, preguntándome una y otra vez ¿qué era aquella luz verde que con aparente inteligencia artificial se había burlado de mi minutos antes, haciéndose escurridiza, escondiéndose en mi cuarto sin poderla hallar? 

De repente creí que alucinaba, que había pasado a otra dimensión y que mi visión de la luz verde era una señal que me abría el paso para entrar a ella.
Al salir del baño vi que mi gato intentaba agarrar algo debajo de la cama, me lancé al piso con la esperanza de que el felino hubiera encontrado la lucecita verde; buscamos juntos bajo la cama pero ni él ni yo la hallamos. 

El gato frustrado se retiró del cuarto pero en la puerta antes de salir, se volteó a mirarme; para mi asombro, sus ojos ¡eran un par de luces verdes! 

Salí corriendo tras él pero solo alcancé a verle la cola cuando saltaba por la ventana y se perdía en la oscuridad del patio. La lluvia comenzaba a caer intensamente.


- ¿De qué se trataba todo esto? Un sentimiento de extrañeza me sacudió el cuerpo.


- Ahora en lugar de una lucecita verde, son dos y se han escapado al patio en los ojos de mi gato. - Me dije


Desde la ventana llamé al minino, una, dos, tres veces, pero este no apareció; me acosté y dormí vencida por el fragor de los sables arriba en el cielo. 

Eran las 3 de la mañana cuando desperté sobresaltada, algo o alguien insistentemente llamaba a la puerta de mi cuarto con un sonido tintineante; sin duda, con el inminente deseo de entrar, me levanté de la cama lentamente y me paré tras ella, alcanzando a escuchar de cerca el sonido que in crescendo, sin parar, hacía de mi corazón una locomotora amenazando saltarse el riel en la certeza de que se trataba de la lucecita verde.

De pronto, el pomo de la puerta comenzó a girar en una y otra dirección; aterrada, me asomé por la cerradura y un chorro de luz verde cegó mis retinas, arrojándome al piso en el medio de la habitación; luego de lo cual una punzada cimbreante atravesó mi cráneo dirigiéndose a mi pecho dejándome sin respiración. Es lo último que recuerdo de la noche de anoche.

Esta mañana me encuentro esperando por atención médica en una sala de hospital, frente a mi, hay dispuestas varias filas de sillas cada una de un color diferente; en ellas sentadas y ticket en mano del mismo color de la silla entre 12 y 18 pacientes por fila también aguardan por atención; a mi costado la puerta de un consultorio dice Cardiología. Una enfermera con aspecto de zombie emerge de unos de los pasillos entregándome un registro de electrocardiograma y una radiología de tórax, la cual veo a trasluz corroborando perpleja que el lugar de mi corazón está ocupado por ¡la lucecita verde!
Confundida y con las piernas flaqueándome caigo al piso de rodillas, la enfermera me ayuda a levantarme conduciéndome a la fila de las sillas verdes.


- Espere aquí con este ticket, será atendida con el número 6 

Y seguidamente


- Toda causa tiene su efecto, todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo a la ley, la suerte o azar no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida.  

- Hay muchos planos de causalidad, nada escapa a la ley - dice en tono académico -  

- Está usted de suerte, hoy apenas son seis los pacientes que consultan por tener el corazón verde.


El adiós en el Aeropuerto Internacional Simón Bolivar
El adiós en el Aeropuerto Internacional Simón Bolivar

La terminal


Encrucijada indistinta de entradas y salidas

de norte a sur

de este a oeste

Los ojos se ven pero no se tocan

perfectos extraños, desconocidos

ansiosos unos, alegres otros,

desolados los que se quedan


La vida es pasajera en la terminal

entre boletos y destinos los ´departures´ titilan

apurando los besos, ahogando los abrazos;

entre voces inentendibles como en la torre de babel


En los ojos la sal atestigua el adiós

los labios susurran promesas;

el sentimiento es un punto en la muchedumbre

un hueco en la nada entre pecho y espalda

un ansia al partir

un carrusel de emociones

una bienvenida o un nunca jamás


un lugar de trance para el amor


Y Dios dijo Árbol


Y Dios dijo: ¡ Árbol !


posando sobre el sustrato generoso una tierna raíz
Y susurrándole le dijo: Te nombro árbol, hijo mío


¡Anda!, adéntrate profundo, ánclate más allá del mar, te he hecho para trascender

Ve, abrázate fuerte a la tierra en mística comunión

Fuertes serán mañana tus ramas, estación de amoríos

nido y descanso de pájaros que vengan a contarte su terredad

Crece en infinito verde, regalando mil tonalidades

que tus frutos calmen las bocas vacías y con sed

Tu sombra sea la estera donde ronde la alegría de los juegos infantiles
y tu tronco sea el testigo de pactos de Libertad
la brisa entre tus hojas sirva de arrullo a los amantes

y tu presencia referencia de sabiduría a la humanidad

Ve árbol y puebla a la tierra toda

y en tu laboratorio de clorofila alimenta al soplo, hálito de vida

Bordea ríos y lagos, viste a tu paso a las montañas, silente guerrero de luz


Que nadie ose atentar contra ti, perturbar tu armonía ni tu orden divino

no interrumpa tu ciclo, transgreda el verde, desbalance el equilibrio
Que ninguno de los tuyos -que son míos- caiga derribado al suelo
Ningún albedrío venga a ti en mi nombre a cambiar lo establecido

Tú mi más grande obra

Y Dios dijo árbol, sí; hijo de la entraña celeste de la madre tierra


Oración

Quisiera arrancarle la epidermis a la ciudad

esa hosca, agrietada y espinada

lavar del asfalto el inocente carmesí

arrancar de sus ojos los lentes oscuros

para que el sol se pasee por sus callejones y pórticos


Desterrar la sordidez de sus rincones

la inmundicia de su boca

y el pubis que se pasea impúdico

bajo la luz gastada de las farolas

en lo alto de la noche


Quisiera silenciar las ambulancias

que veloces trasgreden los semáforos

en el intento de impedir que se escape

el último hálito

mutilar las manos de los anónimos sembradores de mendigos

de los profanadores de templos

que subastan cuerpos al mejor postor

y convierten en muecas 

las sonrisas infantiles


Quisiera expropiar a los ladrones de sueños

a los políticos y a los poderosos del planeta

que hacen festin con la moneda corriente

A los vendedores de ilusiones fugaces

que prometen paz y negocian con el hambre


Borrar las visiones que destierran el futuro

de los ojos de los jóvenes alucinados con crack

las fronteras y la explotación de la ignoracia en sus riberas

"ganancia" para los botas brutas de uniformes verdes


Darle cuerda en reverso al reloj

y ver al despertar sus manecillas volar en elipses

                                                                    espirales

Sin consumo de las horas ni los minutos

aunque la luna ritme de menguante a llena

                                                                   y el sol siga saliendo para todos


Encuentros y desencuentros


Volver a la casa y a sus espacios hoy desocupados

y querer desocupar la memoria asi como se desocupa la ropa del closet que no se usará más


Volver a los espacios hoy desocupados

                                     [custodiados por la nostalgia

Encontrarse mudos los frisos de las paredes

fríos los cuartos aunque el sol invariablemente siga calentando las tejas del techo

y las ranas cantando cada noche entre las matas


Desencontrarse en los rincones, con el sauce en el jardín

y con el columpio en el patio

Atropellarse de recuerdos cuando estos como un mazo de barajas, saltan sobre la mesa del comedor al azar, con cada olor, cada sabor, cada visión y sonido


¿Cómo desocupar los latidos de un corazón vivo que duele,

 el pulso de las arterias, el impulso de las venas?

¿cómo se pasa la página así no más?


No hay convite, hay desencuentro al juntar alma y dolor


[ La muerte no existe Papá, es tan solo un estado de desocupación


Ojo Maldiciente


Tengo un ojo maldiciente, me dice lo que me niego, lo que no quiero ver ni oír. Un ojo que ve lo que me duele, nos duele y duele a cada uno de los que me rodean: Lo miserables y malos que también somos

Lo tengo preso, encarcelado, bajo 7 llaves; por hiriente, por doliente, espinado y afilado. Él a cambio, traba mi comunicación y me llena de secretos. Me hace mentirosa y misericorde (no se puede andar por ahí escupiendo los dolores propios y ajenos)

¡Es tan hermoso el dolor, ¡Tanto!

Es tan abrumadora su hermosura que es inhumano no sucumbir ante él

Por ser tan hermoso es que la gente se suicida. Y los farmacéuticos inventan el Prozac, y están llenas las consultas de los psiquiatras; para mantener el velo. Por la misma razón también existen los sanadores charlatanes, y la Sanación real como una opción evolutiva, un chance de otra conciencia mas humana y honesta; es relegada a superchería y negada una y mil veces por la ciencia médica: Lo hermoso no puede ser algo colectivo, desaparecería la humanidad y con ella este mundo trucho de una buena vez por todas. Entonces se elige Alzheimer, el fondo de un puente, el destripamiento bajo las ruedas de un auto o el disparo de una bala en el cielo de la boca o en la sien

Somos hermosos cuando podemos ver la miseria que somos desde la "humanidad" que somos


Crónica sudorípara

La Virgen Del Valle de Margarita
La Virgen Del Valle de Margarita


Todo está en orden en la Basílica del Valle, la Virgen descansa en el ala derecha del templo luego de haber sido "bajada" el pasado 1ro de septiembre, costumbre religiosa que la hace terrenal y cercana al pueblo local y foráneo cada año, y así, recibir los honores y agradecimientos para luego de la celebración ancestral volver al cielo cargada con las peticiones de sus fieles

Dentro de su caja de cristal, detrás de su cerco amurallado transparente que limita las expresiones de afecto de quienes la visitan, nos observa impasible sin discriminar a ninguno y escucha atenta el eco de las voces de todos

Familias enteras con sus sabios e inocentes se acercan con flores

Este año va trajeada de espuma con destellos de jacintos o circones o tal vez sean swarovskis que invitan al convite, a la fiesta que es sentir su cálida energía

Hay lágrimas, sonrisas, llantos de recién nacidos que en agradecimiento se llevan a pagar la promesa a la virgen por los buenos partos y les eche la bendición. Flota un aroma cargado de peticiones de milagros imposibles, de cura de enfermedades, de culminación de grado, de cualquier solicitud que se le pueda hacer a una madre santa y buena

Con la Virgen del Valle al fondo es la "selfie" más viral que circula por las redes sociales a esta hora, y es que nadie quiere salir del templo sin antes fotografiarse a su lado; ella es la vedette, la protagonista, quien se lleva todos los flashes

Tal es el calor que se sudan oraciones, la fe es un manto salado que nos envuelve a todos, pero no hay queja, la palabra es gutural; la gente entiende que al silencio le sobran las palabras

El ambiente -cosa extraña- se percibe libre de egos y tan solo por ese breve instante de congregación, sufrimos una epidemia de igualdad donde confluyen a la vez ropas de marca y shores baratos, perfumes caros con aroma de inciensos y fritangas de empanadas de raya o de cazón o cochino frito con cachapa y pollo asado. A mi lado un niño con un IPhone capta a la Virgen en imágenes sin dejar de desviar su mirada al goce de otro niño que disfruta un algodón de azúcar color rosa gigante y patalea ante la negativa de la madre de comprarle uno igual "porque se puede contagiar con amebiasis"

De repente un performance acapara la atención de todos los presentes. Una señora de rodillas y en retromarcha entra al templo y todos abrimos paso para que recorra el pasillo central hasta el altar mayor, donde la esperan sus familiares y la levantan, incorporándose todos a un sentido abrazo; la piel inevitablemente se hace de gallina entre tanta conjunción de almas

Una aseadora del templo barre entre los bancos mientras rezonga por la desidia de los visitantes que inmisericordes ensucian la casa de la Patrona dejando botellas de agua vacías, vasos plásticos, empaques de galletas y hasta un pañal desechable hecho caca

- La gente de ahora no es gente - dice

y agrega

- se llaman gente porque ven a los demás caminando. Mientras continúa con la labor con absoluta resignación

Es que hay cabida para todo

Al despedirme del lugar suena "Beat it "de Michael Jackson al estilo bossa, es el sonido de prueba que realizan en la tarima que han dispuesto afuera, donde se llevarán a cabo las presentaciones y actos culturales en honor a la virgen bonita; el ruido retumba en las paredes y vitrales y hasta en el pecho de todos los presentes quienes nos vemos unos a otros asombrados de cotidianidad. Como telón de fondo se observan 3 pendones gigantes con las imágenes de Vallita (disculpen mi afectuoso atrevimiento de llamarle así) al centro, custodiada a cada lado por Juan Pablo II y el Obispo de Margarita - una vendedora me dice que ha sido un buen Obispo, pero que se va -

Me confundo entre la gente rumbo al estacionamiento, preguntando por aquí y por allá los precios de los souvenirs, constatando que los mercachifles aledaños al templo aprovechan el feriado religioso dolarizando la fe de los devotos.

Antes de subirme al carro debo confesar que sucumbí pecadora a la tentación de una cachapa generosa en cochino frito y queso

¿Bueno o malo?

¿Cuál es el referente?

May be

Quizás

Mag sein

Tal vez


En el Valle del Espíritu Santo- isla de Margarita/ 

6/9/2014

Pupila clara


Conozco cada día que pasa
mas a fondo a las personas
Les veo desde la desnudez de sus miserias
aprecio lo que destilan
lo que descarnan
dejando ver lo que les duele


Huelo su sordidez
miro mas allá de sus máscaras
de sus velos aparentes
con los que cobijan las mentiras 

                         que los hace escoria

Desbrido el pus
ahí donde se les hace llagas

asi hago catarsis a través de mis pupilas



"Guaripete" (tuqueque) margariteño en ventana
"Guaripete" (tuqueque) margariteño en ventana

Piel de tuqueque

La piel del tuqueque

es transparente,

y aprendo a leerla

por el lado del revés,

de adentro a afuera


Me escurro

por sus ojitos despepitados

y entro

Veo su corazón

rompiendo el mío,

y me desmorona el alma


Huyo

y cuando llego a los ojos para salirme

quedo ahí bogando

ahogándome

atrapada en un precipicio que salto

Cuando salto

dejo atrás al mundo

bajo la piel amada

entonces muero

viéndole ondular por paredes

que no son las del estanque del viejo lagarto

que hasta ayer dormía

sobre sus aguas


la piel del viejo lagarto

yace flotando

sobre las aguas del estanque sombrío

mientras decidido y ondulante

se atreve a seguir su luz,

hasta aproximarse

y fundirse con ella.